FICHA DE CÁTEDRA: CONOCIMIENTO, CIENCIA Y EPISTEMOLOGÍA
(De uso interno exclusivamente, sujeta a revisión)
Conocimiento Cotidiano y Conocimiento Científico
El conocimiento es una manera de relacionarse con la realidad, un modo de interpretarla,
de dar cuenta de ella. El conocimiento describe, explica y predice (Esther Díaz,
1998)
Tanto el conocimiento de sentido común como el conocimiento científico
tienen cierta similitud en cuanto a esas tres características. Pero difieren
en varios sentidos, una de las diferencias fundamentales es el modo de legitimación
de cada uno de esos saberes.
En las prácticas cotidianas se suelen validar los conocimientos apelando
a la experiencia propia o ajena. En el conocimiento científico la legalidad
proviene fundamentalmente de la precisión y de la coherencia de las proposiciones,
así como de la contrastación entre lo que ellas enuncian y la
realidad empírica a la que se refieren. Este segundo requisito no siempre
logra cumplirse plenamente.
El conocimiento científico tiene anclaje en lo real, está registrado,
se genera en las prácticas y los discursos de la comunidad científica;
está relacionado con el resto de la sociedad.
Ahora bien, cuando formulamos una afirmación y pensamos que ella expresa
conocimiento, ¿qué condiciones debe cumplir? Según Platón
tres son los requisitos que se le debe exigir para que se pueda hablar de conocimiento:
creencia, verdad y prueba .
En primer lugar, quien formula la afirmación debe creer en ella; segundo,
el conocimiento expresado debe ser verdadero y; tercero, deberá haber
pruebas de este conocimiento. Para que exista conocimiento deben darse las tres
condiciones, no son independientes.
En la actualidad ninguno de los tres requisitos se considera apropiado para
definir al conocimiento científico, y la postura adoptada es más
modesta y menos tajante que la platónica. Hoy el término “prueba”
se utiliza para designar elementos de juicio destinados a garantizar que una
hipótesis o una teoría científicas son adecuadas o satisfactorias
de acuerdo con ciertos criterios que se discutirán más adelante.
Ya no exigimos del conocimiento una dependencia estricta entre prueba y verdad.
Es posible que una teoría científica haya sido “probada
suficientemente”, sin haberse establecido su verdad de manera concluyente,
por lo tanto, no es extraño que una teoría aceptada en determinado
momento histórico sea desechada más adelante.
Según algunos epistemólogos, lo que resulta característico
del conocimiento científico es el llamado “método científico”,
un procedimiento que permite obtenerlo y también justificarlo. ¿Tenemos
derecho a hablar de “un” método científico? En realidad,
hablar de “el” método científico es referirse a un
basto conjunto de tácticas o estrategias empleadas para producir conocimiento.
El conocimiento científico se transforma en propiedad social si se lo
comunica a través del lenguaje; sin textos, artículos, papers
o clases la ciencia no sería posible. Socialmente la ciencia como cuerpo
de conocimientos se ofrece bajo la forma de sistemas de afirmaciones. Por tanto
cuando se trata acerca de conjeturas o teorías científicas debemos
entenderlas como propuestas, creencias u opiniones previamente expresadas por
medio del lenguaje.
Ciencia y Epistemología: surgimiento
No todo conocimiento es científico, la cientificidad es una categoría
que depende de ciertos requisitos. Por ejemplo, el carácter crítico,
necesidad de justificar racionalmente y dar pruebas de la verdad de lo enunciado,
se ha conservado tanto en el mundo antiguo como en el actual; pero en cada época
se han forjado distintos modos de comprender lo que la ciencia y la verdad sean.
Simplificadamente, podríamos hablar de dos grandes paradigmas históricos
acerca de la ciencia: premoderno y moderno.
Premoderno (desde la antigüedad hasta la edad media). Bajo este modelo,
representado fundamentalmente por el pensamiento griego en general y el de Aristóteles
en particular, la tarea de la ciencia, esencialmente concebida como conocimientos
por causas, debía ser la búsqueda de ellas; por encima estaba
la “metafísica”.
La ciencia era concebida a modo de una indagación esencialmente reflexiva,
sin aplicación práctica alguna. La búsqueda del conocimiento
estaba reservada al ciudadano libre, al hombre libre. El trabajo manual, las
artesanías, la creación y puesta a prueba de técnicas eran
consideradas serviles, despreciables (identificadas con la condición
del esclavo).
Esta dicotomía social se observa también en la Europa renacentista:
el médico “clínico” es un egresado universitario que
diagnostica a partir de tratados de medicina hipocrática, mientras que
el “cirujano” es un artesano que se ocupa de realizar intervenciones
quirúrgicas tales como entablillar un hueso fracturado o extraer muelas.
El anatomista Andrea Vesalio (S XVI) al describir una clase de disección
de su época, decía: “..cuando las operaciones manuales eran
realizadas por barberos; los doctores perdieron el verdadero conocimiento de
las vísceras y pronto desapareció la práctica de la disección.
Un hombre describe las partes mientras que otro practica las disecciones. El
que describe se encarama en un púlpito y con aire de desdén susurra
informaciones sobre hechos que nunca conoció de primera mano, pero que
aprendió de memoria en libros ajenos, o cuya descripción tiene
ante su vista.”
De este texto se desprende que la concepción clásica de la ciencia
ya comenzaba a ser seriamente cuestionada. Empiezan a valorizarse las técnicas,
las artesanías y el trabajo manual, y en consecuencia los estudiosos
de la naturaleza comienzan a emplear la observación controlada y la experimentación.
Las nuevas “ciencias experimentales”, fundadas en un abordaje metodológico,
se contactan con la técnica y la industria, y los nuevos “científicos”
comenzaron a abordar problemas que intrigaban a los técnicos y artesanos.
El proceso histórico por el cual surgen las “ciencias experimentales”,
que supone cambios de perspectiva y metodología en relación a
la concepción clásica de la ciencia, fue difícil y complejo;
incidiendo en él transformaciones sociales, económicas, políticas
y culturales. El surgimiento de la ciencia moderna (siglos XVI y XVII) no puede
analizarse al margen de tales transformaciones.
Paradigma moderno. El pensamiento moderno gesta la idea de la ciencia como conocimiento
propiamente dicho y modelo de todo saber. La creencia en el poder de la razón
para controlar y transformar la naturaleza, dota a la ciencia de un nuevo objetivo
central: la búsqueda de leyes que regulan la realidad; suponiendo que
ese conocimiento traería aparejado un despliegue universal de progreso
social.
Si bien la filosofía siempre reflexionó sobre el conocimiento
en general, en la modernidad comenzó a reflexionar sobre el conocimiento
científico en particular. Así, hubo un grupo de filósofos
que sostuvieron que el estudio de la metafísica era inútil. Para
ellos, lo único digno de ser pensado y a lo cual debía consagrarse
la filosofía era el estudio de lo observable – saber válido
- , positivo, por estar referido a los hechos.
En Francia, se origina una doctrina filosófica con raíces en los
empiristas británicos , el positivismo, cuyo fundador fue Augusto Comte
(1798-1857). Él consideraba que la historia de la cultura había
pasado sucesivamente por tres estadios:
Teológico: el hombre explicaba los fenómenos por medio de la intervención
de seres divinos;
Metafísico: los explicaba por medio de ideas racionales, pero abstractas;
Positivo: los fenómenos se comienzan a explicar a partir de las relaciones
invariantes que guardan entre sí (leyes). Se rechazan las explicaciones
que no se atengan a lo que puede verificarse positivamente, por medio de la
confrontación empírica.
Comte interpreta la evolución humana como destinada a llegar a una etapa
de plenitud gobernada totalmente por la ciencia, sosteniendo fe en el progreso,
el cual se materializará por el desarrollo y la expansión de la
ciencia.
Como teoría del saber, el positivismo se niega a admitir otra realidad
que no sean los hechos y, a investigar otra cosa que no sean las relaciones
entre los hechos. En lo que respecta a la explicación subraya el cómo
y elude responder al qué, al por qué y al para qué.
El positivismo no sólo rechaza al conocimiento metafísico y todo
conocimiento a priori, sino también cualquier pretensión a una
intuición directa de lo inteligible. Pretende atenerse a lo dado y no
salir jamás de lo dado. Esta época se caracteriza por una hostilidad
a toda construcción y deducción, reducción de la filosofía
a los resultados de la ciencia y naturalismo como modelo de lo científico.
En el S XX, en la década del 20, se consolida el positivismo lógico,
empirismo lógico o neopositivismo con la conformación del Círculo
de Viena. Esta corriente fusionó el apego a la experiencia del positivismo
clásico con las innovaciones de la lógica matemática. Fue
un centro de reunión, discusión y, a su vez, un ámbito
de difusión y divulgación. Sus principales exponentes fueron Moritz,
Schlick, Carnap, etc. Establecieron sólidos contactos con la Escuela
de Berlín, cuyos principales representantes son Hans Reichenbach, Carl
Hempel, etc.; más tarde Ernest Nagel continuó una línea
de pensamiento afín. Si bien no se los puede incluir dentro de dicha
corriente, es innegable la influencia que ejercieron sobre ella Albert Einstein,
Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein.
En 1929 se publicó el “Manifiesto del Círculo de Viena”,
donde proponían sus objetivos principales: la constitución de
una ciencia unificada que abarcara todos los conocimientos y el uso a fondo
del análisis lógico de las ciencias. Pensaban eliminar lo que
llamaban “metafísica”, y clarificar los conceptos y las teorías
de la ciencia empírica y los fundamentos de la matemática. Para
ellos hay sólo dos formas de investigación que producen conocimiento:
la investigación empírica, que es tarea de las diversas ciencias,
y el análisis lógico de la ciencia, que es tarea de la filosofía.
La tesis central del Círculo de Viena apuntaba a establecer un “criterio
de demarcación”, es decir una regla que delimitase que es ciencia
y qué no lo es. Este criterio lo propone la “teoría verificacionista
del significado”, según la cual las únicas proposiciones
que pueden formar parte del cuerpo de la ciencia son aquellas cuya verdad o
falsedad puede establecerse empíricamente. Si no existe un método
empírico para decidir si es verdadera o falsa, es una pseudo –
proposición carente de significado (no tienen “sentido”).
Este criterio arrastraría al ámbito del sin sentido a gran parte
de la ciencia, los términos teóricos (por ejemplo, electrón,
gen, etc.), todas las proposiciones generales y las leyes científicas
no pueden verificarse empíricamente.
El Círculo subsistió sólo 10 años, la ocupación
nazi y el asesinato de Schlick en 1936 llevaron a que sus miembros se dispersaran;
la mayoría fueron a EEUU e Inglaterra, países de fuerte tradición
positivista.
Acerca de lo metodológico
Como vimos el positivismo mantiene la fe en la unidad fundamental del método:
la unidad metodológica. Sostienen que los modos de acceso al conocimiento
son los mismos para todo tipo de saber (fundados en la experiencia) y también,
los modos a través de los cuales la experiencia disponible en algún
campo específico es elaborada por la reflexión teórica.
Para ellos la ciencia se desarrolla en forma gradual y acumulativa, la conciben
como producto, se desentienden de los problemas de la producción del
saber, no les interesa la génesis del conocimiento, si los mecanismos
por los cuales se establece la verdad o falsedad de una teoría científica;
se ocupan de cuestiones de justificación o validez de las hipótesis
y teorías, a través del control empírico y validez lógica.
Postulan el método inductivista como “el método” de
las ciencias. Aquí vale una aclaración, no confundir razonamiento
inductivo con método inductivista. El primero es una estructura lógica
(formal) y el segundo se formula como un método científico.
El modo de inferencia inductiva tiene como particularidad que parte de enunciados
singulares y llega a una conclusión con un nivel de generalidad mayor.
Según la definición de Aristóteles es un razonamiento que
permite pasar de lo particular a lo general.
¿Cómo debe desarrollarse metodológicamente una investigación
para que sea científica? Como ya mencionamos, la primera respuesta histórica
a esta pregunta es el inductivisno.
El punto de partida de la ciencia es la observación y registro de todos
los hechos referentes al objeto de estudio. Luego se analizan y clasifican los
mismos, y las hipótesis se obtienen inductivamente a partir de los hechos.
Finalmente se contrasta experimentalmente la hipótesis. Para ello se
debe observar un número suficientemente amplio de casos, las condiciones
de la observación deben ser variadas y, ningún enunciado observacional
debe contradecir la conclusión.
Este método recibió muchas críticas: lógicamente
está claro que el pasaje de proposiciones singulares a una proposición
universal no garantiza que la verdad de las premisas se conserve en la conclusión;
desde el punto de vista de las lógica, la inducción nunca queda
validada, ni siquiera con el aval de la experiencia. El inductivista sostiene
que los datos y la observación son el punto de partida de toda investigación,
y constituyen la única base segura para el conocimiento. Esto es objetable
por dos cuestiones: una pura recolección de datos sin una hipótesis
previa sería impracticable, ¿qué hechos debo observar?,
¿de qué datos tomo nota? (la hipótesis debería guiar
la investigación).La segunda objeción se refiere a la pretendida
“pureza” y “neutralidad” de la observación; no
hay percepciones puras sin teoría, no hay hechos puros sin interpretaciones
previas. Toda observación está siempre condicionada por una serie
de factores, sean históricos, lingüísticos, culturales. Aquí
nos enfrentamos con la “objetividad, problemática acerca de la
posibilidad de trascender el horizonte de historicidad y finitud de nuestra
subjetividad.
En síntesis, la observación nunca puede ser totalmente pura, siempre
de algún modo está condicionada y, por lo tanto, nunca puede ser
el punto de partida de la investigación científica. Ante este
problema surge otra respuesta histórica: el método hipotético
deductivo.
Según los hipotético deductivistas la ciencia parte de problemas,
no de la observación, ante los cuales se proponen hipótesis con
intento de solución. Estas hipótesis resultan de la formación
y capacidad creativa del investigador, no mediante generalización de
datos. Estas soluciones tentativas deberán ser puestas a prueba mediante
contrastación empírica para poder ser aceptadas.
El planteamiento del problema surge cuando los conocimientos que poseemos no
alcanzan para explicar determinado hecho. Frente a un problema se busca una
solución posible que guíe y oriente el desarrollo de la investigación,
así la hipótesis es un enunciado que se propone como base para
explicar por qué o cómo se produce el fenómeno.
¿Cómo se justifica una hipótesis?, ¿cómo
se llega científicamente a formular una hipótesis?, sus respuestas
son hoy dos problemas de la ciencia. No existe un método fijo a seguir
para la elaboración de una hipótesis, en todo caso, se requiere
de una gran cantidad y calidad de conocimientos previos y, de talento creativo
que permita “ver” las similitudes y analogías entre lo sabido
y lo desconocido.
Una vez formulada habrá que contrastarla empíricamente para someter
a prueba su valor, y aquí nos encontramos ante una gran variedad de estrategias,
tácticas, técnicas, etc. Que en todo caso dependerán del
objeto de estudio, del problema a investigar.
Clasificación de las ciencias
Toda clasificación es arbitraria, no es casual que puedan ofrecerse
diferentes clasificaciones de lo mismo. Por lo tanto, debemos comprender que
existe una arbitrariedad que proviene de la atención a determinadas propiedades
de las cosas y a su jerarquización.
Las ciencias se han clasificado de diferentes maneras a lo largo de la historia,
según los criterios adoptados en un momento determinado.
Actualmente para clasificar a las ciencias se toman como referencia cuatro criterios:
el objeto de estudio, los métodos utilizados, la clase de enunciados
y el tipo de verdad.
Al hablar de objeto de estudio, nos referimos al sector o ámbito de la
realidad estudiada (los seres vivos para la biología, o el movimiento
de los cuerpos celestes para la astronomía).
Los métodos se relacionan con los distintos procedimientos, tanto para
el logro de conocimientos como para su justificación y puesta a prueba.
El tipo de enunciados alude a la diferencia entre proposiciones analíticas
o formales, vale decir, aquellas vacías de contenido, y sintéticas,
a saber, las que se refieren de algún modo a sucesos o procesos fácticos.
Finalmente, acerca del criterio referido al tipo de verdad involucrado en estos
enunciados, diremos que mientras a los primeros les corresponde una verdad necesaria
y formal, relacionada con la coherencia lógica, en el caso de los segundos
su verdad será contingente y fáctica, dependiente de su verificación
empírica.
Según estos criterios las ciencias se dividirían en formales y
fácticas.
Las ciencias formales son la lógica y la matemática, pues su objeto
de estudio se caracteriza porque sólo tiene existencia ideal, no existe
en la realidad espacio temporal: tanto los signos del lenguaje matemático
como los del lógico no refieren a una realidad extralinguística,
sino que son formales, vacíos de contenido. Vale aclarar que estos objetos
o signos formales pueden ser “interpretados” estableciendo correspondencias
con los hechos y, entonces, ser aplicados a la realidad empírica.
Sus enunciados son analíticos dado que básicamente constituyen
relaciones entre signos vacíos de contenido empírico. El método
será la demostración lógica: deducir un enunciado de otros
por inferencias lógicas; por ejemplo, la demostración de un teorema,
en el cual las verdades matemáticas se comprueban mediante un encadenamiento
deductivo. La verdad ha de ser necesaria y formal, fruto de la coherencia del
enunciado dado con el sistema de ideas admitido previamente.
Las ciencias fácticas informan acerca de la realidad extralinguística,
tienen por objeto de estudio entes materiales y se refieren a la realidad empírica.
Sus enunciados son proposiciones sintéticas, denotativas y, por lo tanto,
su método es el de la contrastación empírica para constatar
si estos enunciados son verdaderos o falsos; resulta siempre una verdad contingente
y fáctica, ineludiblemente provisoria.
Dentro de las ciencias fácticas suele trazarse una división entre
dos tipos de ciencias: las sociales y las naturales; tal distinción pretende
fundarse en diferencias en cuanto al objeto de estudio y acerca del tipo de
conocimiento involucrado en ellas.
Esta concepción que pone énfasis en los objetos de estudio responde
a considerar, tradicionalmente, como unidad de análisis, a la disciplina
científica. A partir de la cual podríamos hablar de ciencias particulares:
la física, la química, la biología, la sociología,
la historia, etc.
Actualmente, hay buenas razones para creer que este enfoque disciplinar no es
realista ni conveniente. Los objetos de estudio de una disciplina cambian a
medida que lo hacen las teorías científicas; ciertos puntos de
vista son abandonados o bien, en otro momento de la historia de la ciencia,
pueden ser readmitidos. No es lo mismo hablar de la óptica en un sentido
tradicional, es decir, como una disciplina que estudia la luz, que hablar de
una teoría ondulatoria que unifica en una sola disciplina lo que fueron
dos: la óptica y el electromagnetismo. Por ello en lugar de pensar en
disciplinas, ya muchos autores prefieren pensar en problemas básicos
que orientan distintas líneas de investigación. Lo cual lleva
a considerar una nueva unidad de análisis, la teoría científica.
Una teoría científica, en principio, es un conjunto de conjeturas,
simples o complejas, acerca del modo en que se comporta algún sector
de la realidad. Las teorías no se construyen por capricho, sino para
explicar aquello que nos intriga, para resolver algún problema o para
responder preguntas acerca de la naturaleza o la sociedad. En ciencia, problemas
y teorías van de la mano.
La Ciencia, la Epistemología y la actividad científica
La ciencia comprende también las instituciones que invierten en investigación,
las universidades e institutos de investigación, editoriales, comunidad
científica, que a su vez están constituidas por investigadores,
editores, alumnos, docentes, técnicos, epistemólogos, etc.
El científico concibe y construye teorías científicas,
el epistemólogo reflexiona sobre ellas. Hoy se entiende a la epistemología
como una reflexión filosófica especializada. La filosofía
siempre reflexionó sobre el conocimiento en general y en la modernidad
comenzó a reflexionar sobre el conocimiento científico en particular.
Se afianza como disciplina autónoma a comienzos del S XX, dentro del
campo de la filosofía. La epistemología se ocupa del estudio de
las condiciones de producción y de validación del conocimiento
científico; problemas del conocimiento científico, tales como
circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas
que llevan a su obtención, y los criterios con los cuales se lo justifica
o invalida.
La ciencia de hoy es una realidad compleja, que abarca por lo menos dos dimensiones:
el cuerpo de conocimientos conceptuales, como producto objetivado de la actividad
humana de producción social e histórica de conocimientos. Los
métodos y procedimientos, es decir, ciencia como proceso o modo particular
de producir conocimiento. En este sentido ciencia como estrategia empleada en
la producción de conocimientos.
Pero si además entendemos la ciencia como una construcción social,
fruto del aporte solidario y cooperativo, debemos concebirla más allá
de sus aspectos puramente conceptuales o metodológicos, y reconocer también
otras dimensiones: como la actitudinal (como actitud del sujeto que conoce,
tanto frente al conocimiento que produce como al modo en que lo produce), la
histórica y la institucional.
Nuestra concepción de ciencia se va configurando desde el conocimiento
sustantivo y epistemológico que poseemos de la disciplina a la cual pertenecemos.
Es decir que la concepción de ciencia que manejamos, proviene generalmente
de la concepción que cada uno ha construido a través de la disciplina
en la cual se ha especializado.
Por ejemplo, si preguntamos a un grupo de profesionales de la misma disciplina
que entiende por ciencia, al analizar las respuestas, nos sorprenderíamos
por la variedad de concepciones y matices personales. Al respecto decía
Albert Einstein (1935):
"La ciencia, como algo existente y completo, es la cosa más objetiva
que el hombre conoce. Pero la ciencia en su hechura, como propósito a
cumplir, es tan subjetiva y tan condicionada psicológicamente como cualquier
otra rama del esfuerzo humano; tanto así, que la pregunta de ¿cuál
es el propósito y la significación de la ciencia? Tiene respuestas
enteramente diferentes en diversas épocas y por parte de personas colocadas
en distintas situaciones".
Cabe preguntarnos ¿de qué manera puede influir la concepción
de ciencia sobre la enseñanza?
Se ha preferido una u otra dimensión de la ciencia en desmedro de las
demás, y esto ha llevado alternativamente a orientar a la enseñanza
hacia posturas extremas. Por ejemplo, cuando se atendió exclusivamente
a los productos se cayó en una ciencia escolar enciclopedista y estática,
con una visión cerrada de "verdades" incuestionables que surgían
de genios sin saber de que manera.
Se nos presentan dos visiones de la actividad científica, la tradicional
y la nueva visión. La visión tradicional se caracteriza por considerar
a la actividad científica como acumulativa, es decir, diversos sujetos
acumulan saber sobre el conocimiento logrado por otros sujetos previos. La ciencia
está libre de contradicciones, la actividad científica parte de
los hechos u observaciones como dados independientemente del observador (objetivismo)
La nueva visión de la actividad científica es aquella ofrecida
por corrientes epistemológicas de diversa orientación que, si
bien comenzaron a perfilarse a partir de los años 30, sólo tomaron
fuerza después de la década del 60, principalmente por el impacto
de la obra de Kuhn (1923-1996) "La estructura de las Revoluciones Científicas".
Esta obra produce un áspero e importante debate de estas cuestiones en
el ámbito de la epistemología de la tradición anglosajona.
El planteo Kuhniano sobre las revoluciones científicas se encuentra asociado
a la crisis del modelo acumulativo del desarrollo científico. Este planteo
apunta a mostrar que en el desarrollo de la ciencia los periodos de continuidad
y acumulación se ven interrumpidos por bruscas rupturas: las "revoluciones
científicas". Él dice que en esos momentos se produce un
abandono de lo ya sabido y la inauguración de nuevas líneas de
investigación de la mano de nuevos marcos conceptuales. "(...) durante
las revoluciones los científicos ven cosas nuevas y diferentes al mirar
con instrumentos conocidos y en lugares en los que ya habían buscado
antes." (T. Kuhn, 1962).
En el planteo de Kuhn no sólo se desmorona la versión acumulativa,
sino también la concepción de que "la verdad" es la
meta a la cual el conocimiento científico se acerca asintóticamente.
Las revoluciones científicas se realizan a partir de rupturas respecto
de lo que conocemos, y no hacia lo que desconocemos. La "racionalidad"
así como la "verdad" en ciencia se construyen y reconstruyen
históricamente.
Charles Darwin (1809-1882) con la publicación "El origen de las
Especies por medio de la Selección Natural" produjo una revolución,
que quizás sea la más importante llevada a cabo por tres motivos:
§ La conmoción cultural que removió una antropología
milenaria
§ Las consecuencias para su ámbito natural (biología y ciencias
asociadas)
§ Las apropiaciones de todo tipo que desde otras disciplinas se hizo de
conceptos generados o consolidados por la biología.
Lo importante desde el punto de vista histórico, es que durante los 4
siglos transcurridos desde el surgimiento de la ciencia moderna, los científicos
y los observadores han llamado revoluciones a ciertos sucesos (Cohen I.B. "Revolución
en la ciencia", 1989):
§ Cambios en conceptos fundamentales
§ Modificaciones radicales en las normas aceptadas y habituales de explicación
§ Postulados y axiomas nuevos
§ Nuevas formas aceptables de conocimiento y nuevas teorías.
T. Kuhn subraya que toda nueva teoría "requiere la reconstrucción
de las anteriores y la reevaluación de hechos anteriores; raramente o
nunca constituye sólo un incremento de lo que ya se conoce". Desde
su perspectiva, la ciencia se caracteriza por el hecho de que los científicos
hayan llegado a compartir determinados marcos conceptuales y no por sus métodos
solamente. Introduce así su concepto de paradigma.
En primer lugar debemos llamar la atención acerca del hecho de que en
Kuhn la unidad teórica de análisis del proceso de las ciencias
ya no es una hipótesis o una teoría sino un paradigma, que es
una unidad mucho mayor que incluye: un cuerpo de teoría, aplicaciones
y experimentos ejemplares con sus instrumentos. Además, un paradigma
es verdaderamente una "concepción del mundo", vale decir auténticos
conjuntos de valores y creencias que determinan la forma de estructurar, categorizar
y clasificar el mundo.
Kuhn los describe como "realizaciones universales reconocidas que, durante
cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad
científica" (Kuhn, T.S., La estructura de las revoluciones científicas,
p. 13). Como el paradigma determina cuáles son los problemas y las normas
de su resolución, el trabajo de los científicos se reduce a la
articulación entre los fenómenos y el paradigma. La actividad
científica normal no está dirigida a producir novedades importantes
sino a solucionar problemas que el paradigma, cuando apareció, dejó
sin resolver. La adopción de un paradigma por parte de una comunidad
científica está, en parte, determinada por la solución
que éste da a problemas que hasta ese momento no tenían solución,
pero, al mismo tiempo genera otros problemas nuevos: la articulación
entre estos nuevos problemas y el paradigma será la tarea del científico
"normal".
María Del Rosario Lores Arnais, en su libro "Hacia una epistemología
de las Ciencias Humanas", pregunta: ¿cómo debemos entender,
entonces, la existencia de un paradigma?
Si entendemos por paradigma al conjunto de concepciones más amplias y
generales acerca de la realidad y del hombre mismo, de los métodos que
deben emplearse para abordarla y de las maneras legítimas de plantear
cuestiones (conjunto de elementos de los que el científico es consciente
y de aspectos inconscientes y difusos previos al desarrollo de las investigaciones),
podemos aplicarlo al campo de las Ciencias Sociales. El primer hallazgo será
que éstas se hallan divididas en diferentes paradigmas contrapuestos.
Dentro de las Ciencias Sociales no se discuten meramente métodos o datos,
hipótesis o teorías; lo que convierte las discusiones en reales
enfrentamientos es que aquellas son discusiones acerca de paradigmas. Son verdaderas
concepciones del mundo y del hombre las que están en juego y en tanto
no seamos capaces de percibirlas, recortarlas y explicitarlas será difícil
entender siquiera de qué discutimos.
Así entendido, no es sólo como científicos exclusivamente
que poseemos un paradigma; en todo caso, ese paradigma que podríamos
llamar "técnico", fruto de la profesionalización, se
superpondrá a un paradigma más primitivo, fruto de la socialización
en cada sistema social y en cada grupo social particular y de la experiencia
personal de cada individuo.
A manera de cierre
Como reflexión final se destaca que en la nueva visión de la
actividad científica, ésta es una empresa social, comunal, colectiva
e histórica que se desarrolla siempre desde marcos teóricos presupuestos.
Las respuestas conseguidas por la ciencia están siempre sujetas a cambios
y revisiones, es decir, son provisionales. Estos cambios pueden ser graduales
y progresivos o, radicales y revolucionarios si se abandona o modifica el marco
teórico o disciplinar desde donde surgieron.
De esta visión alternativa surgen tres ejes de análisis:
§ La idea de provisionalidad del conocimiento científico
§ Necesidad de contextualización histórica y sociológica
del conocimiento
§ Nueva concepción de la relación entre observación
y teoría que se enfatiza en la organización conceptual del conocimiento.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
w Díaz, Esther; 1997. Metodología de las Ciencias Sociales. Primera
Edición. Editorial Biblos. Bs. As.
w Kuhn, T.S.; 1992. La Estructura de las Revoluciones Científicas. Cuarta
Reimpresión (FCE, Argentina) de la Primera edición en español
(FCE, México, 1971).
w Lores Arnaiz, María Del Rosario; 1986. Hacia una Epistemología
de las Ciencias Humanas. Editorial de Belgrano.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
w Brown, Harold I.; 1994. La nueva filosofía de la ciencia. Tercera
Edición. Editorial Tecnos, S.A.
w Klimovsky, Gregorio; 1994. Las Desventuras del Conocimiento Científico.
Una introducción a la epistemología. AZ editora. Bs. As.
w Levinas, Marcelo Leonardo; 1998. Conflictos del conocimiento y dilemas de
la educación. Aique. Bs. As.
w Palma, Héctor A.; 1998. Un Laberinto de Encuentros, Reencuentros, Novedades
y Ciclos. Un recorrido por la historia de la ciencia. En revista Versiones Nº
9, pág. 30. Publicación del Programa "La UBA y los Profesores".
Secretaría de extensión universitaria (UBA). Eudeba.