UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PATAGONIA
“SAN JUAN BOSCO”
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
CATEDRA: PEDAGOGÍA
COMISION “A” y “B”
Trabajo Práctico Nº 4
Tema: “Los nuevos roles del sujeto pedagógico en la
actualidad. Interpretaciones histórico – pedagógicas”
Alumnos:
Calvo,
Silvia (Prof. Geografía, FHyCS)
González,
Juan Ignacio (Prof. Cs. Biológicas, FCN)
Pauli,
Vanesa (Prof. Geografía, FHyCS)
Schaer,
Andrea (Prof. Geografía, FHyCS)
Soto,
Silvia (Prof. Historia, FHyCS)
Vargas,
Alicia (Prof. Cs. Biológicas, FCN)
Trelew, 07 de noviembre de 2002.
A lo largo de la historia, la educación estuvo siempre al servicio de los intereses del sector dominante. Primero fue la iglesia, luego la burguesía, el estado nación y actualmente el mercado.
En la sociedad tradicional, la escuela tenía una función reproductora, conservadora del status quo. Estaba a cargo de la iglesia y destinada al grupo de élite.
La
expansión de la escuela como institución formal dispensadora de educación
sucede en la modernidad. Fue el resultado de una compleja transformación de la
sociedad, disparada por la toma de conciencia por parte del hombre de su propia
existencia, que lo lleva a asumir su capacidad en la propia construcción como
sujeto social. Así, la educación comienza a ser valorada como condición y
causa primera de la prosperidad, la felicidad y la libertad.
Las
masas populares logran acceder a la institución que hasta entonces les estaba
vedada y los Estados Nacionales ven en la escuela el instrumento ideal para
formar ciudadanos que respondieran a sus intereses políticos y económicos,
priorizando uno u otro según las circunstancias. Durante la modernidad, el
Estado asume un rol central en el diseño y control de los sistemas educativos.
Durante
la hegemonía del Estado Oligárquico-liberal (1880-1916), a la escuela se le
asigna un rol homogeneizador de las masas para constituir la identidad nacional.
Más adelante, a partir de la década del ’40, con la dominancia del Estado
Benefactor y ante un nuevo contexto económico mundial, la escuela asume el
compromiso de formar “capital humano” para abastecer de mano de obra
calificada a las nacientes industrias de sustitución. Este objetivo perduró
hasta principios de la década del ’70, cuando fe dejado de lado para
priorizar la concientización de los ciudadanos acerca del “Proyecto
nacional” que el peronismo quería imponer en su retorno.
La
toma del poder por parte de los gobiernos de facto (1974) impone un drástico
cambio en el rol de la escuela. En ese momento se le exigio que transmitiera
normas y valores que garanticen la vigencia del modelo autoritario, “educar
para el orden”, señala Filmus[1].
Con
la recuperación de la democracia (1983), se enfatizó en la formación
ciudadana democrática, de sujetos conocedores y veedores de sus propios
derechos.
Pero
el afianzamiento de la globalización como nuevo modelo imperante, cambió las
reglas de juego. Restó poder de decisión al Estado, quien se replega y
transfiere responsabilidades al sector privado. Desde ese momento, el mercado es
quien establece las nuevas políticas educativas que tienden a la formación de
recursos humanos que satisfagan los requerimientos de la “Aldea global”.
Estas exigencias generan mayor exclusión, se fomenta la competitividad y, de
esta manera, quien puede acceder a más y mejor educación es solo aquel que
puede pagar por ello. Esto opera en detrimento de la escuela publica.
Como destaca Sandra Carli en su trabajo[2], la crisis económica generada por las políticas neoliberales marca a fuego los cambios que esta sufriendo la niñez hoy. También influyen factores como la diferenciación de las estructuras y de las lógicas familiares, el mercado y los medios masivos de comunicación y las transformaciones culturales, sociales y estructurales que afectan la escolaridad pública. Dentro de ese contexto general se inserta la escuela argentina y sus sujetos pedagógicos.
En
la institución que elegimos observar[3]
se da una de las realidades que Carli describe en la pagina 34: “las
deterioradas condiciones de trabajo docente y el nuevo estatuto de la pedagogía,
afectada tanto por la multiplicidad como por la dispersión de saberes,
denuncian las dificultades de la empresa decimonónica de escolarización y
pedagogización de la infancia”.
La
terrible pauperización conlleva, además, a situaciones como el continuo
descenso de la calidad de enseñanza y de aprendizaje. En ese sentido, el
conflicto se plantea entre los docentes en términos de exigir o no un cierto
nivel a los alumnos. “Estamos en una escuela social” resumió
la Vicedirectora del 3º Ciclo de EGB de la escuela.
De
parte de los alumnos, observamos lo que Carli afirma en el párrafo siguiente:
”ya no es la escuela la que produce ‘las’ definiciones heredadas, sino que
son los niños los que desafían a redefinir las escuelas”. Como consecuencia
de lo que la autora también menciona en el texto –la adultización de los niños-,
la relación áulica se complejiza. La “perdida de certezas”, la
“imposibilidad de prever horizontes futuros” y sobre todo “el trabajo
infantil, los chicos de la calle, el delito infantil, son fenómenos que indican
experiencias de autonomía temprana, una adultización notoria y una ausencia de
infancia, nada inéditos en América Latina”.
Todo
ello genera que la institución escolar sea vista como un lugar sin valor y que
los valores que allí se transmitan sean vistos, a su vez, sin importancia. ¿Cómo
convencer a un joven de continuar su escolaridad si los estudios no tienen hoy
ninguna remuneración adecuada, no garantizan una mejor supervivencia y no son
garantía de conseguir trabajo? La falta de
oportunidades, de trabajo y la proyección de una situación futura no mucho
mejor que ésta resiente en la motivación de los alumnos en las aulas. Del otro
lado, la situación no es mejor aunque, como decía la Directora Alicia Young:
“tratamos de ser positivos y de no tirar tanta pálida”.
En resumen, entonces, los sujetos sociales que interactúan en el ámbito escolar están profundamente influenciados por las condiciones económicas, sociales y también históricas de la época que les toca vivir. La institución está devaluada y ya no determina ni los valores ni la concepción de niñez o adolescencia. Tratando de parchar los agujeros, no cumple su función propia ni cubre totalmente la necesidad social, aunque no puede dejar de tomar las acciones que toma.
Los
chicos, a su vez, se desarrollan en un ambiente que los estimula a "hacerse
adultos" más rápido, pero sin realmente "madurar", y en ese
proceso desestiman las autoridades, de cualquier lado que provengan. Y allí
aparecen los docentes, quienes, como refiere Carli, pasaron su niñez en otra época
y por lo tanto tampoco están tan preparados para hacer frente a los nuevos códigos.
Sobre ellos, nos explayaremos en la siguiente actividad.
Los
modelos críticos vienen a revalorizar la escuela y al docente resaltando la
función política y cultural de estos. Surgen en un momento en el cual los
otros modelos entran en decadencia, debido a que quedaron expuestas sus
falencias.
Los
modelos críticos coinciden en tomar a la escuela como mediadora de las
transformaciones sociales, pero no existe un criterio unificado en cuanto a la
formación que necesita el docente para desempeñarse en ese ámbito. A propósito
de esto, María cristina Davini[4]
plantea dos tendencias: por un lado los modelos que pretenden formar un docente
capaz de recuperar los contenidos significativos de la enseñanza como
instrumentos de la transformación social (modelo histórico- culturalista). Por
otro, aquellos que pretenden modificar las relaciones de poder formando docentes
que contribuyan a la democratización de la educación (modelo hermenéutico-
participativo). En el primer modelo se propone un docente mediador entre el
alumno y el conocimiento. Su rol
radicaría en garantizar la apropiación activa del conocimiento en los alumnos,
por tal razón para este modelo, es fundamental que el docente posea sólidos
conocimientos correspondientes a su área del saber. Restándole importancia a
los procesos socio- políticos-institucionales relacionados con la acción pedagógica.
En
cambio, el segundo modelo propone la formación de un sujeto social
transformador de las relaciones sociales en la institución educativa y, por
extensión y a futuro, en la sociedad. Por ello resalta el valor de la reflexión
permanente y colectiva sobre la practica educativa. No deja en claro la
integración del estilo participativo que se propone con los procesos de
apropiación de contenidos en la formación docente.
Rescatando
los aspectos positivos de cada uno de estos modelos, Davini plantea un “modelo
teórico- critico ideal” en la formación docente. El mismo debería
garantizar: la apropiación activa del conocimiento, la reelaboración de una
cultura del trabajo docente y el dominio de competencias docentes especificas,
sin descuidar la reflexión sistemática sobre la practica docente.
En
la institución educativa que elegimos para desarrollar el trabajo práctico
anterior, pudimos detectar formaciones docentes disímiles. En este punto
creemos necesario aclarar que nuestra opinión está fundada exclusivamente en
las entrevistas realizadas en aquella oportunidad. No realizamos observaciones
de clases de los docentes en cuestión y ni siquiera tuvimos acceso a las
planificaciones y proyectos anuales de los mismos. No por la negativa de estos,
sino porque a los fines de dicho trabajo no resultaba pertinente.
Recordemos
que en el polimodal de la escuela Nº 747 el 37% de los docentes no posee
formación docente especifica, mientras que en EGB 3 el 29% de los docentes se
halla en la misma condición[5].
El resto presenta algún tipo de formación docente especifica (nivel medio,
nivel superior no universitario o nivel superior universitario).
Podemos
establecer relaciones entre los modelos descritos por Davini y los observados en
la realidad. Por un lado, los docentes sin formación docente específica
consideran que su propia función es más bien instructiva (respondiendo al
modelo tecnicista). Y en el nuevo contexto escolar son los que más
apesadumbrados se encuentran porque no aceptan asumir otro rol que no sea el de
transmisores de conocimiento. Por otro lado, en aquellos que tienen un grado de
formación docente se detecta la preocupación por mejorar las relaciones
humanas, procurando paliar los factores condicionantes de la desigualdad
socioeconómica que presentan gran parte de los alumnos. Si bien están mas
cerca del segundo modelo crítico presentado, porque el nexo en las relaciones
que se establecen son precisamente esas necesidades del alumno y no el objeto de
conocimiento (priorizando las relaciones humanas a la transmisión pura de
conocimientos), no responden totalmente al mismo porque no se detecta
la intención de debilitar las relaciones de poder establecidas en la
institución facilitando la participación activa de los alumnos en la toma de
decisiones inherentes a la vida escolar (ausencia de centro de estudiantes, de
consejo consultivo, etc).
La tarea docente se encuentra condicionada por la necesidad laboral del propio docente y el contexto social que describíamos anteriormente.
Con respecto al primer factor condicionante mencionado, es bien sabido ya que la docencia es una actividad laboral mal paga. Sobre este tema Deolidia Martinez[6] hace un análisis minucioso y critico resaltando que las reformas y ajustes impuestas desde “fuera” de la escuela han determinado una devaluación significativa del trabajo docente “dentro” de ésta. En la actualidad, nos encontramos con docentes que participan de una acalorada competencia por acaparar la mayor cantidad posible de cargos. Solo de esta forma le es posible subsistir. Esta situación resta tiempo y fuerzas en el trabajador de la educación dificultando un rendimiento satisfactorio en su actividad.
A esto hay que sumarle el segundo factor condicionante: el contexto del alumno. En estos momentos los alumnos que asisten a las escuelas públicas argentinas provienen de los más diversos estratos sociales, y cada uno de ellos con necesidades y demandas concretas muy distintas, a las que el docente esta cada vez mas lejos de poder satisfacer. Los alumnos que provienen de los sectores más castigados siguen viendo a la escuela como el puente para el ascenso social. Al mismo tiempo, son los que demandan a la institución escolar garantizar las condiciones básicas que les permitan concurrir a la misma (zapatillas, copa de leche, lápices, hojas, etc.). Por otro lado los sectores mejor posicionados económicamente en nuestra sociedad demandan a la escuela educación “a su nivel” y la cuestionan justamente por no conseguirlo, optando por “comprarla” en centros de enseñanza privada.
En síntesis, la actividad docente está revalorizada pero cuestionada al mismo tiempo. Cuestionada por lo que señalábamos anteriormente. Revalorizada porque el docente ocupa un rol privilegiado como agente de cambio en un contexto social en crisis y seguramente es éste el aliciente que tenga para no frenar su lucha en defensa de la escuela pública.
·
CARLI, Sandra. (1999) “De la familia a la
escuela”. Editorial Santillana. Bs.As. Argentina.
·
CEPAL-UNESCO. (1992) “Educación y conocimiento.
Eje de la transformación productiva con equidad”. Santiago de Chile.
·
DAVINI, María Cristina. (1991) “Modelos teóricos
sobre formación de docentes en el contexto latinoamericano”. Revista
Argentina de Educación Nº 5. Bs.As. Argentina.
·
FERNÁNDEZ ENGUITA, Mariano. (1997) “La educación
en una sociedad en cambio”. Mimeo.
·
FILMUS, Daniel. (1996) “Estado, Sociedad y
Educación en la Argentina de fin de siglo”. Editorial Troquel. Bs.As.
Argentina.
·
MARTINEZ, Deolidia et al. (1997) “Salud y
trabajo docente. Tramos del malestar en la escuela”. Editorial Kapelusz.
Bs.As. Argentina.
·
TÉLLEZ, Magaldy. (1996) “El declive de la
educación como cuestión pública: notas para una resignificación sin
nostalgias”. Revista Propuesta Educativa. Año 7, Nº 15. Bs.As.
Argentina.
[1] Filmus, Daniel. Estado, Sociedad y Educación en la Argentina de fin de siglo. Cap.2: “Estado, Sociedad y Educación en Argentina: una aproximación histórica”, pág.32.
[2] Carli, Sandra. De la familia a la escuela. Cap.1: “La infancia como construcción social”.
[3] La Escuela Nº 747 “Colegio Nacional de Trelew”, sobre la que centramos nuestro trabajo para el TP Nº 3: “Las reformas educativas propuestas a fines del siglo XX ¿Sirvieron para adecuar la escuela a las exigencias del mundo actual?”
[4] Davini, María Cristina. Modelos teóricos sobre formación de docentes en el contexto latinoamericano.
[5] TP Nº3 (op.cit), pág.10
[6] Martínez, Deolidia, et al. Salud y trabajo docente. Tramas del malestar en la escuela.